Bodegas Rosell

Bodegas Rosell

Bodegas Rosell es una taberna tradicional madrileña que ha estado sirviendo delicias desde 1920. Ubicada en Calle del General Lacy, 14, a un paso de la Estación de Atocha, ¡es un rincón que no puedes perderte! El lugar mantiene el espíritu de las tabernas del siglo XIX, tanto en su acogedora decoración como en la atención al cliente, siempre atenta y profesional. Aquí puedes disfrutar de una experiencia auténtica sin sorpresas modernas, lo que lo convierte en un sitio ideal para los amantes de la comida madrileña.

El menú es un verdadero tesoro lleno de platos tradicionales, como las croquetas, las alcachofas y las habitas con jamón. Y si eres fan de los vinos, Manolo te guiará a través de sus más de 200 referencias de vinos y vermús con gran clase. Con una relación calidad-precio que brilla, ¡estamos seguros de que repetirás y te animarás a probar el famoso bacalao la próxima vez! Recuerda que abren de martes a sábado y también domingos para el almuerzo. ¿Te animas?

Bodegas Rosell

Restaurante de comida madrileña
4,3
5.854Reseñas
Fotos
Calle del Gral. Lacy, 14, Arganzuela, 28045 Madrid
914 67 84 58

Horarios Bodegas Rosell

DíaHora
lunesCerrado
martes12:00–17:00, 19:00–24:00
miércoles12:00–17:00, 19:00–24:00
jueves12:00–17:00, 19:00–24:00
viernes12:00–17:00, 19:30–24:00
sábado12:00–17:00, 19:30–24:00
domingo12:00–17:00

El horario podría cambiar.

Mapa Ubicación Bodegas Rosell

Desde cuándo está en funcionamiento Bodegas Rosell

¡Hola, amigos! Si buscan un lugar que tenga ese encanto auténtico y sabroso de la comida madrileña, tienen que probar Bodegas Rosell. Este sitio está en Calle del Gral. Lacy, 14, en Arganzuela, y aunque no tiene los clásicos azulejos de Talavera afuera, tiene todo lo que buscas en una taberna tradicional. Así que si quieren una combinación de buena comida y ambiente agradable, ya les digo que aquí lo encontrarán.

Hablando de la comida, no se olviden de pedir el vermut casero que viene con su guinda, ¡eso es un must! Una vez que se acomoden, pueden empezar con unas raciones para compartir. La ensalada de ventresca y las berenjenas con salmorejo están bien ricas, pero yo quiero hacer una mención especial a las albóndigas de rabo de toro: son bastante pequeñas, así que si esperan una gran porción, tal vez mejor miren para otro lado. El bacalao Rosell es un plato que destaca, ¡definitivamente vale la pena probarlo!

Si se animan a pedir caliente, el cocido que sirven está bien presentado y cumple en abundancia, pero, aquí entre nosotros, les va a parecer un pelín soso. La sopa y los garbanzos estaban bien hechos, pero a mí me faltó un poco más de sabor. En cuanto al ambiente, es todo muy tranquilo y auténtico, aunque hay que tener en cuenta que suele llenarse rápido y, a veces, se toca comer de pie. Un consejo: ¡mejor llamar para reservar!

Hablando del servicio, el personal es muy agradable y correcto, pero como hay pocos camareros para la cantidad de gente, en ocasiones pueden tardar un poco en atenderte. Pero en general, están pendientes y hacen su mejor esfuerzo. Así que, por unos 20-30 € por persona, saldrán bastante satisfechos.

Ahora, cambiando de tema, muchos se preguntan ¿desde cuándo está en funcionamiento Bodegas Rosell? La verdad es que esta taberna lleva bastante tiempo ofreciendo lo mejor de la comida madrileña, así que ¡no se la pierdan! Si están por la zona o simplemente quieren disfrutar de un buen rato, ya saben, ¡Bodegas Rosell les está esperando!

Dónde se ubica Bodegas Rosell

Y ya que hablamos de Bodegas Rosell, no puedo dejar pasar el cocido que probé allí. Lo pedimos por encargo, y aunque no estaba malo, la verdad es que le faltaba un poco de sabor, ¿sabes? La sopa tenía mucho caldo, pero esos poquitos fideos como que se echaron a faltar. Está a 16,50 euros el cocido, y hay que contar con bebidas y postre, así que, en general, la calidad-precio me parece aceptable, aunque no es la mejor opción si buscas algo bien potente en sabor. Al final de la experiencia, uno queda con la sensación de que podría mejorar. La puntuación del lugar se quedaría en 3 estrellas para la comida, que es un poco justa.

Sin embargo, no todo es mediocridad, porque la terraza es extensa y muy agradable. Es un tipo de restaurante de toda la vida donde reinan las comidas caseras. Ahí es donde brillan las patatas de la abuela y las croquetas. Y lo mejor de todo: ¡puedes llevar a tu perro a la terraza sin problema! Si te mola el flamenco, la decoración del local también le da un toque auténtico y acogedor. Así que, si te animas, puedes salir de Bodegas Rosell con una experiencia bastante chula y un ambiente que roza las 5 estrellas.

Aunque hay opiniones mixtas, yo tengo que decir que, en general, la comida es bastante buena. Por supuesto, hay excepciones, como esas patatas bravas que estaban un poquito recalentadas, pero la salsa ¡una delicia! Los callos, el revuelto y el solomillo son otra historia: ¡tremendos! Y qué decir del personal: amables y atentos en todo momento. Quizás el precio es un poco elevado si lo comparamos con otros sitios, pero cuando la comida y el ambiente son buenos, se puede perdonar ese detalle. Yo le pondría unas 5 estrellas sin dudarlo.

Y para que no haya dudas, te cuento que Bodegas Rosell está en la Calle del Gral. Lacy, 14, Arganzuela, 28045 Madrid. Un lugar que no te puedes perder si andas por la zona y quieres disfrutar de buena comida madrileña en un ambiente auténtico. ¡Ya me contarás cuando lo pruebes!

Qué tipo de ambiente ofrece Bodegas Rosell

Y hablando de Bodegas Rosell, no puedes dejar de probar el cocido y los callos a la madrileña. La verdad, esos platos me han sorprendido, estaban bastante bien, de los que calientan el alma, ya sabes. Las croquetas, eso sí, no son la gran cosa, aunque a menos de 1€ la unidad, no se puede pedir más. Si buscas un sitio donde comer rico sin que se te dispare la cuenta, este lugar es una buena opción. El precio por persona ronda entre 10-20 €, y considerando la calidad, te diría que vale la pena.

Ahora, no todo es perfecto. Escuché por ahí que algunos grupos tienen sus más y sus menos con el servicio. Una vez, un grupo de siete llegó a tomarse unas cervezas y, oh sorpresa, sólo les dieron 30 minutos para disfrutarlas en una terraza con espacio de sobra. Eso ya se siente como una falta de buena onda, ¿no crees? Imagínate tener que salir de un lugar porque no haces lo que ellos esperan. A veces, parece que hay una especie de checklist en los restaurantes de Madrid sobre cómo debes comportarte. Una pena volver al barrio y que te traten así, pero bueno, hay muchas opciones por ahí.

Aún así, no todo está perdido, ya que he oído maravillas de Ángela, quien trabaja ahí. Es la típica que convierte tu visita en una experiencia memorable con su atención al cliente. Cuando el vermut es adictivo y la comida buena, es difícil contenerse y no querer repetir. Se dice que con su dulzura y profesionalismo, ella hace que todo se sienta como en casa. Así que, si quieres pasar un buen rato y disfrutar de comida clásica de buena calidad, deberías pensar en darle otra oportunidad, especialmente si tienes la suerte de que te atienda ella.

En cuanto al ambiente de Bodegas Rosell, puedes esperar un poco de todo. Hay quienes sienten que es como una taberna castiza, perfecta para un picoteo, pero que a veces se siente un poco apurada. Sin embargo, también hay quienes destacan que es un sitio de toda la vida donde la comida te transporta y el servicio es bastante rápido. Claro, quizás el ambiente podría mejorar un poquito en cuanto a la flexibilidad del personal. Al final, depende de qué busques en tu experiencia gastronómica.

Qué estilo de decoración tiene la taberna

La verdad es que Bodegas Rosell es un sitio que tiene su encanto, aunque yo he tenido una experiencia un poco agridulce. En mis dos visitas, la primera fue genial; la atención fue rápida y la comida salió a pedir de boca. Pero, ya saben cómo es esto a veces, la segunda vez fue otra historia. Tuvimos que esperar 20 minutos para que nos tomaran nota, así que al final me levanté y fui a reclamar. Eso sí, la comida que pedimos, como las patatas con huevos de 'La Abuela', llegó volando, y estaban bien ricas. Pero las tostadas, ¡madre mía!, tardaron 40 minutos de reloj. Es como si hubiera un caos en la cocina o en el servicio, no estaba claro dónde fallaba la cadena.

Lo curioso es que este sitio tiene dos terrazas y dos salones. Si te sientas en la zona que está más alejada del local principal, olvídate de la rapidez. En cambio, si te quedas en el salón o en la barra principal, puedes tener una experiencia más amena. Además, me encanta que tienen una carta de vinos muy buena, ideal para acompañar cualquier plato. Así que, de verdad, si vas, intenten quedarse en el local principal y disfrutar del ambiente, que es la auténtica esencia del lugar.

Y hablando de la decoración de Bodegas Rosell, es muy castiza; hay ese aire de taberna tradicional que te recuerda a las raíces madrileñas, con un toque acogedor y auténtico que hace que te sientas como en casa. Es el tipo de sitio que, sin duda, le llevarías a un amigo extranjero para que pruebe la gastronomía española en su máxima expresión. Y aunque el servicio puede ser un punto a mejorar, la comida no decepciona y puede que lo compense. En resumen, una buena opción si se está dispuesto a perdonar algún que otro desliz en la atención. ¡A disfrutar!

Cuál es el enfoque del servicio al cliente en Bodegas Rosell

Y tú, si te pasas por las Bodegas Rosell, no te olvides de pedir los mejillones. Tienen un sabor increíble y van perfectos con un buen vermú de grifo. Te lo digo porque es un clásico que no falla. Aunque cuidado con el camarero que tiene cara de pocos amigos, mejor intentar que te atienda otra persona, que hay algunos que son más amables y te sirven con una sonrisa. A veces la atención deja un poco que desear, pero ¡eso no puede quitarte las ganas de disfrutar de la buena comida madrileña!

Hablando de la comida, a mí me encanta el ambiente de este lugar. Aunque he notado que, en mis últimas visitas, la calidad de ciertos platos ha bajado un poco comparado con lo que era antes. Sin embargo, siempre encuentras cosas ricas. Por ejemplo, las croquetas de cabrales y jamón son una delicia; simplemente no puedes irte sin probarlas. Y si tienes ganas de algo más contundente, las albóndigas de rabo de toro son para cerrar con broche de oro. Ah, y una recomendación: asegúrate de disfrutar de una buena charla en la barra y deja que Manolo Rosell te recomiende un buen vino. Te sorprenderás, ¡es un experto!

La verdad es que, aunque el servicio a veces tenga sus altibajos, el lugar sigue siendo un punto de referencia en Arganzuela. Es muy auténtico, y la decoración evoca esas viejas tabernas madrileñas que tanto nos gustan. En general, parece que los camareros pueden ser un poco desorganizados, especialmente cuando se llenan, pero creo que el ambiente y la buena comida hacen que todo valga la pena. Así que, ¿cuál es el enfoque del servicio al cliente en Bodegas Rosell? Bueno, parece que la idea es hacer que disfrutes de la comida y la bebida más que de la atención. No es que sean descuidados, sino que están a mil con el ajetreo del lugar. Al final, la buena comida y las charlas en buena compañía son lo que realmente cuenta.

Qué tipo de comida se ofrece en Bodegas Rosell

La verdad es que en Bodegas Rosell hay un aire bastante acogedor, pero hay que decir que no todo fue lo que esperábamos. Fuimos unos amigos a cenar y nos encontramos con que todas las mesas estaban reservadas para cenas, así que tuvimos que improvisar. Pedimos en la barra y mientras esperábamos a que se acercara la hora, nos echamos unas risas. Sin embargo, la cosa se tornó un poco complicada cuando nos dijeron que solo podíamos estar hasta las 22h. Al final, ante tal panorama, decidimos que lo mejor era pagar y marcharnos a La Sidrería La Posada Atocha, que estaba justo en la misma acera. ¡Y menos mal! Ahí pasamos un rato genial; definitivamente repetiremos en ese lugar.

Por otro lado, no puedo dejar de mencionar que la comida de Bodegas Rosell, aunque tenían opciones interesantes, se me hizo un poco decepcionante. Pedimos un revuelto de ajetes que, tras esperar un buen rato, nos dijeron que no quedaban, y eso sin contar que el resto de las mesas tenían tapas y a nosotros se nos olvidó. El precio me pareció un poco elevado para lo que acabamos comiendo, y aunque los platos como las albóndigas de rabo de ternera y las croquetas caseras son bastante recomendables, la experiencia general no fue lo que imaginábamos. Además, el ambiente es típico de una taberna, pero la atención dejó bastante que desear.

En general, Bodegas Rosell ofrece una comida típica madrileña con toques caseros, ideal para quien busca un plato tradicional y un buen vino. Su carta incluye desde albóndigas y croquetas hasta opciones vegetarianas, lo que siempre es un plus. Sin embargo, si buscas una velada relajada, puede que te animes a buscar mejores opciones en el barrio. En fin, ahí lo tienes: un lugar con mucho potencial pero que, por ahora, me dejó con ganas de más.

Cuáles son algunos de los platos tradicionales incluidos en el menú

La verdad es que Bodegas Rosell tiene un ambiente que te hace sentir como en casa nada más entrar. Esa taberna tradicional con encanto hace que, aunque no hayas reservado, puedas disfrutar de una buena comida. A nosotros nos impresionó la cantidad de gente que había, ¡y eso que llegamos justo al abrir! Si piensas en ir, prepara tus mejores ganas de comer, porque la zona de bar se llena rápidamente y la zona de restaurante es bastante amplia, con varios locales.

En cuanto al servicio, hay que reconocer que es de 10. La amabilidad del personal es un punto a favor, siempre te atienden con una sonrisa. Pero hay que ser honestos: cuando la cocina entra en modo caos, pues se nota. Nos sucedió que, mientras esperábamos, escuchamos un par de discusiones entre el personal de cocina, lo cual, desde luego, no es lo ideal. Un pequeño bache en el espectáculo, pero no arruina la experiencia general. Además, la carta es bastante variada y las raciones generosas, ¡tanto que optamos por medias raciones y nos llenamos igual!

Tampoco se puede ignorar que la comida, si bien tiene sus altibajos, incluye un par de clásicos madrileños que no puedes dejar pasar. El cocido, aunque quizás le falta un poco de sabor, es una opción que muchos buscan. Y si tienes antojo de algo dulce, todos sus postres son caseros, lo que siempre suma puntos. Así que, si decides lanzarte a la aventura, recuerda que los precios son bastante ajustados, rondando entre 20 y 30 € por persona. Pero si buscas algo ligero o un brunch, ¡no dudes que aquí puedes encontrar platos recomendados y disfrutar de un buen rato! En resumen, ¡anímate y disfruta de la experiencia!

Fotografías Bodegas Rosell

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